dilluns, 1 de febrer de 2010

…PERO VALE LA PENA

Necesitábamos sentarnos y escucharnos. Necesitábamos mirarnos hacia adentro y trabajar todos los sentimientos que habían generado en nosotras los numerosos conflictos que provocó el nacimiento de nuestro colectivo. Era urgente pasar página, pero no olvidando sino integrando la experiencia en nuestro conocimiento individual, en nuestra sabiduría colectiva. Y así lo hemos hecho.
La creación de Biterna tiene su origen en las inquietudes de un grupo de mujeres que coincidimos en el proyecto del CSO La Desposta de Terrassa i en la voluntad de parar la creciente normalización de actitudes sexistas dentro de este y de otros espacios afines. A partir de este momento Biterna continuará creciendo a través de la incorporación de otras mujeres de diferentes espacios pero con inquietudes comunes.
Los motivos individuales que nos llevan a compartir el proyecto son la necesidad de trabajar y fortalecer la autoestima, el autoconocimiento, la salud personal y la voluntad de trabajar tanto a nivel físico como psicológico la autodefensa personal.
Además, queríamos también identificar y trabajar las propias actitudes sexistas para poder superarlas. Por otra parte, nos interesaba fortalecer nuestra concienciación política en general en un momento en el que, en nuestro entorno, se imponía la falta de formación i análisis político de la realidad.

A nivel colectivo, coincidíamos en la necesidad de compartir ideas y solucionar problemas a través de nuestra organización como feministas creando así una red de solidaridad entre mujeres. Queríamos un espacio donde trabajar políticamente desde una perspectiva de género, a la par que realizar trabajo de género desde una perspectiva política concreta basada en el activismo autónomo, huyendo de institucionalismos y con un trasfondo anticapitalista. Un espacio desde donde poder trabajar la autodefensa colectiva dando respuesta a las agresiones cotidianas y combatiendo el sistema patriarcal tanto fuera como dentro de los espacios mixtos en los que trabajábamos. Con esta perspectiva, Biterna empezó a reunirse en un espacio autónomo dentro del CSO, lo cual provocó, casi desde el inicio, resistencias. Nada nuevo, tristemente. El conflicto se agravó con la denuncia de varias agresiones y, por lo tanto, el señalamiento de los autores de éstas. A partir de aquí: la división, los silencios cómplices, la “neutralidad”, los rumores, los insultos… La reacción colectiva inicial a estos fue de negación, de relativización e intentarlo reducir todo al ámbito personal. Delante de nuestra insistencia en la dimensión política de los hechos, y por lo tanto, en la necesidad de actuar en consecuencia, algunas persones pasaron a reforzar y justificar de forma activa a los agresores y sus actitudes, y la mayoría miró hacia otro lado.
La consecuencia de todo en sí fe la salida forzada del grupo de mujeres del CSO y la no participación en los centros sociales okupados posteriormente o en otros espacios afines mientras tuviesen cabida los agresores.
Nosotras, como grupo feminista, no podíamos dar cobertura a ciertas actitudes sexistas que se permitían y se normalizaban en estos espacios. No habíamos conseguido cambiarlas pero, como mínimo, no las legitimaríamos con nuestra presencia, con nuestro hacer ver que no pasaba nada.
Evidentemente, esta decisión fue extremadamente dolorosa para nosotras, ya que también habíamos participado en la gestación y construcción de estos espacios. Durante todo el proceso fueron comunes los sentimientos de decepción, impotencia, rabia y perplejidad al vernos invisibilizadas en los movimientos sociales de los cuales formábamos parte desde hacía mucho tiempo.
Pero también encontramos la solidaridad de hombres y mujeres que sobrepusieron la responsabilidad política a los “amiguismos” y al miedo al conflicto. Ellos y ellas también sufrieron, por este motivo, las descalificaciones. Para nosotras fue muy especial el apoyo de otro grupo de mujeres feministas vinculado a los movimientos sociales de Terrassa, Les Dones del Sac, que nos apoyaron en todo momento dando una visión más externa a los acontecimientos cosa que facilitó el análisis político del conflicto.

Biterna ya no se reúne en ninguno de estos espacios pero el grupo ha ido creciendo y el proyecto se ha consolidados. Ahora somos el doble de mujeres que cuando empezamos y la incorporación de nuevas mujeres con posterioridad al conflicto ha sido muy valiosa por el aire fresco que ha significado.
De todo esto hemos aprendido que hace falta que continuemos trabajando colectivamente, y en este sentido nuestras convicciones políticas han salido reforzadas a la vez que hemos constatado el hecho de que las mujeres organizadas tenemos un increíble potencial trasformador.
Estamos orgullosas de cómo hemos afrontado todas las dificultades con las que nos hemos ido tropezando, de cómo las hemos gestionado y como hemos salido fortalecidas. Por todos estos motivos estamos convencidas de la necesidad de la existencia de Biterna y de todos aquellos grupos y colectivos que desde sus espacios realizan un trabajo desde una perspectiva de género.
Es difícil pero vale la pena.